Somos embajadores de Cristo: Dios quiere hablar a otros por medio de ti
2 Corintios 5:11-21 nos recuerda que el evangelio no termina cuando somos reconciliados con Dios. Ahora somos enviados a llevar reconciliación a otros.
Dios puede usar lo que ya tienes
A veces miramos el dolor que existe en el mundo y sentimos que no podemos hacer suficiente.
Vemos una tragedia.
Una familia sufriendo.
Una persona que perdió todo.
Alguien atravesando ansiedad, miedo o desesperanza.
Y pensamos:
“Señor, ¿qué puedo hacer yo?”
Tal vez no tienes dinero para solucionar el problema.
Tal vez no puedes viajar.
Tal vez no tienes una organización.
Tal vez ni siquiera tienes una gran plataforma.
Pero hay algo que sí tienes.
Tu historia.
Tu voz.
Tus dones.
Tu profesión.
Tu hogar.
Tu mesa.
Tus relaciones.
Tu teléfono.
Tu experiencia.
Y, sobre todo, tienes algo que el mundo necesita desesperadamente:
el mensaje de Jesús.
Eso fue lo que comenzó a surgir durante nuestra conversación en Tu Lugar en la Mesa.
Y mientras hablábamos, regresamos a una verdad poderosa de 2 Corintios 5.
Dios nos reconcilió consigo por medio de Cristo
Pablo escribe que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo.
La palabra reconciliar puede sonar complicada, pero la idea es sencilla:
volver a establecer una relación que estaba rota.
El pecado rompió nuestra relación con Dios.
Pero Dios no se quedó distante.
Él tomó la iniciativa.
Envió a Jesús.
Cristo murió por nosotros.
Y por medio de Él podemos volver a Dios.
Eso es el evangelio.
No se trata simplemente de aprender reglas religiosas.
No se trata de convertirnos en personas perfectas.
Se trata de volver a una relación con nuestro Creador por medio de Jesús.
Y aquí ocurre algo sorprendente.
Dios no solamente nos reconcilia.
También nos entrega una misión.
“Dios nos ha dado la tarea de reconciliar a la gente con él”
Pablo continúa diciendo que Dios nos dio el ministerio de la reconciliación.
En otras palabras:
Dios nos confió un mensaje.
Después de experimentar Su gracia, ahora podemos ayudar a otros a conocer esa misma gracia.
No somos los salvadores.
Jesús es el Salvador.
Nosotros somos mensajeros.
Somos representantes.
Somos embajadores.
Pablo lo expresa así:
“Así que somos embajadores de Cristo; Dios hace su llamado por medio de nosotros.”
2 Corintios 5:20
Un embajador representa a su país en otro lugar.
No habla simplemente en su propio nombre.
Representa a quien lo envió.
De la misma manera, ser embajador de Cristo significa representar a Jesús donde Él nos ha colocado.
En nuestra casa.
En nuestro trabajo.
En nuestra universidad.
En nuestro vecindario.
En una conversación.
En una mesa.
Y sí…
también en las redes sociales.
No necesitas una gran plataforma
Aquí aparece una de las partes más prácticas de este mensaje.
Muchas personas piensan:
“Yo no soy influencer.”
“No tengo suficientes seguidores.”
“¿Quién me va a escuchar?”
“No sé hablar de la Biblia.”
“Hay personas mucho más preparadas que yo.”
Pero el llamado de Jesús nunca estuvo limitado a personas con grandes plataformas.
Dios puede usar una persona con una audiencia enorme.
Y puede usar una persona que tiene diez contactos.
Puede usar un escenario.
Y puede usar una mesa.
Puede usar un podcast.
Y puede usar una conversación tomando café.
Puede usar una publicación que alcanza miles de personas.
Y puede usar un mensaje que solamente lee una persona.
La pregunta no es cuántas personas puedes alcanzar.
La pregunta es:
¿Estás dispuesto a usar lo que Dios ya puso en tus manos?
Tu profesión también puede convertirse en una herramienta para la misión
En nuestra conversación surgió algo importante.
Dios puede usar nuestros dones y nuestra experiencia profesional para llevar esperanza.
Si sabes comunicar, comunícate.
Si sabes cantar, canta.
Si sabes enseñar, enseña.
Si sabes escuchar, escucha.
Si trabajas en salud mental, puedes ayudar a personas a encontrar esperanza y, cuando sea apropiado, mostrarles cómo Jesús también transforma nuestra vida.
Si sabes administrar, administra con integridad.
Si tienes habilidades digitales, úsalas.
Si tienes una casa abierta, abre tu mesa.
Si sabes cocinar, cocina para alguien.
Si tienes una historia de restauración, cuéntala.
Lo que tienes en tus manos puede convertirse en una herramienta en las manos de Dios.
No necesitas convertirte en alguien diferente para servir a Dios.
Necesitas permitir que Dios use quien eres y lo que ya te ha dado.
La misión no es llevar religión
Esta distinción es fundamental.
Nuestra responsabilidad no es ir por el mundo diciéndole a las personas:
“Haz las cosas como yo.”
“Ve a mi iglesia.”
“Piensa como yo.”
“Conviértete en una persona religiosa.”
Pablo habla de algo mucho más profundo:
reconciliación.
Nuestra misión es ayudar a las personas a volver a Dios.
No condenarlas.
No avergonzarlas.
No convencerlas de que nosotros somos mejores.
Sino anunciarles que existe un Dios que ya tomó la iniciativa para acercarse a ellas por medio de Jesús.
Por eso el mensaje es:
“Vuelvan a Dios.”
Primero necesitamos estar reconciliados nosotros
Esto también nos confronta.
No podemos representar correctamente a alguien con quien no queremos tener relación.
Por eso la misión comienza en nosotros.
Antes de decir:
“Dios quiere reconciliarte consigo”, necesitamos preguntarnos:
¿Estoy viviendo reconciliado con Dios?
¿Estoy caminando con Él?
¿Estoy escuchando Su voz?
¿Estoy permitiendo que transforme mi corazón?
¿Estoy dependiendo de Él?
Porque nuestra misión no nace de la obligación.
Nace de una relación.
Primero recibimos.
Después compartimos.
Primero somos transformados.
Después ayudamos a otros a conocer al que nos transformó.
Hay personas que necesitan escuchar esperanza
Durante la conversación hablamos también de los acontecimientos difíciles que muchas personas están viviendo.
Cuando ocurren tragedias, el dolor hace preguntas profundas.
“¿Por qué pasó esto?”
“¿Qué va a pasar ahora?”
“¿Hay esperanza?”
“¿Dónde está Dios?”
Y aunque no siempre tenemos respuestas para cada pregunta, sí podemos llevar una esperanza que no depende de que las circunstancias sean perfectas.
Jesús.
No significa minimizar el dolor.
No significa dar respuestas fáciles.
Significa estar presentes.
Escuchar.
Orar.
Acompañar.
Servir.
Y cuando se abre la puerta, hablar de Aquel que puede sostenernos aun en medio del dolor.
Tu contenido también puede ser misión
Esta parte merece una conversación especial para nuestra generación.
Vivimos en un mundo donde millones de personas pasan horas frente a una pantalla.
Cada día consumen noticias.
Videos.
Opiniones.
Entretenimiento.
Miedo.
Comparaciones.
Desinformación.
Pero también están buscando esperanza.
Por eso, si Dios te dio una plataforma digital, úsala.
No necesitas que cada publicación sea un sermón.
Tu contenido puede atraer a alguien por una conversación sobre familia.
Por salud mental.
Por propósito.
Por relaciones.
Por liderazgo.
Por creatividad.
Por cualquier tema que Dios haya puesto en tus manos.
Pero cuando esa persona llegue…
haz que pueda encontrarse con Jesús.
La plataforma es el medio.
Jesús es el mensaje.
Somos embajadores donde ya estamos
Tal vez estás esperando que Dios te mande a algún lugar.
Pero quizás ya te puso exactamente donde necesitas estar.
Tu familia.
Tu oficina.
Tu universidad.
Tu barrio.
Tu grupo de amigos
Tu comunidad.
Tu Instagram.
Tu WhatsApp.
Tu mesa.
La misión no comienza cuando consigues una plataforma.
La misión comienza cuando reconoces que ya fuiste enviado.
Jesús te encuentra, te transforma y te envía
Este es el patrón que vemos una y otra vez en el discipulado:
Jesús nos encuentra.
Jesús nos transforma.
Jesús nos envía.
No somos enviados porque ya somos perfectos.
Somos enviados porque hemos recibido gracia.
No necesitamos tener todas las respuestas.
Necesitamos ser fieles con lo que Dios puso en nuestras manos.
Quizás hoy tu misión comienza con una conversación.
Una invitación.
Una oración.
Un mensaje.
Una publicación
Un café.
Una comida.
Una llamada.
Una palabra de esperanza.
¿Qué tienes en tus manos?
Esta semana, en lugar de preguntarte:
“¿Qué puedo hacer para Dios?”
Haz una pregunta diferente:
“Dios, ¿cómo quieres usar lo que ya me diste?”
Tal vez la respuesta sea tu profesión.
Tal vez sea tu familia.
Tal vez sean tus dones.
Tal vez sea tu historia.
Tal vez sea tu casa.
Tal vez sea tu plataforma digital.
Tal vez sea simplemente tu capacidad de escuchar a alguien.
No desprecies lo que tienes porque parece pequeño.
Entrégaselo a Dios.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa ser embajador de Cristo?
Significa representar a Jesús con nuestra vida y nuestras palabras, llevando a otros el mensaje de reconciliación con Dios por medio de Cristo.
¿Qué es el ministerio de la reconciliación?
Es la misión que Dios entrega a quienes han sido reconciliados con Él: anunciar y vivir el mensaje de que las personas pueden volver a tener una relación con Dios por medio de Jesús.
¿Necesito ser pastor para compartir el evangelio?
No. Todo creyente puede compartir lo que Jesús ha hecho en su vida y ayudar a otros a conocerlo. Cada persona puede representar a Cristo en el lugar donde Dios la ha colocado.
¿Cómo puedo evangelizar si soy nuevo creyente?
Empieza con algo sencillo: cuenta lo que Jesús está haciendo en tu vida, escucha a las personas, ora por ellas, sirve de manera práctica e invítalas a conocer más de Jesús.
¿Pueden las redes sociales ser una herramienta para compartir el evangelio?
Sí. Las redes sociales pueden convertirse en una herramienta para alcanzar personas que normalmente no encontraríamos presencialmente. Lo importante es que la plataforma no se convierta en el centro. La plataforma es el medio; Jesús es el mensaje.
Tu siguiente paso espiritual
No todos estamos en el mismo lugar en nuestro camino con Jesús.
Algunos necesitan comenzar una relación con Él.
Otros necesitan volver a conectar.
Otros necesitan crecer.
Y otros están listos para comenzar a servir y discipular.
Por eso en En El Silencio queremos ayudarte a identificar dónde estás y cuál podría ser tu siguiente paso.
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