El Amor Que Edifica: Cuando Tus Dones Apuntan a la Fuente Correcta


Hay una diferencia profunda entre amar
y amar de una forma que edifica.

No todo amor transforma.
No todo amor sana.
No todo amor libera.

En este episodio de En El Silencio Podcast llegamos a una verdad que nos confrontó primero a nosotros: los dones, sin amor, hacen ruido; pero el amor, sin dirección, puede crear dependencia.
Y Dios nunca nos llamó a eso.

El viaje comienza en la adopción

Esta temporada del podcast nació desde una experiencia que nos marcó la vida: la adopción y el acogimiento (foster care).
No solo como una decisión familiar, sino como una revelación espiritual.

En la adopción entendimos algo que atraviesa todo el Evangelio:
nuestra identidad no nace de nosotros, nace de Aquel que nos adopta.

Cuando todo se cae, cuando los roles desaparecen, cuando lo que hacemos deja de sostenernos… queda una sola pregunta:

¿Quién soy?

Y la respuesta no está en mis capacidades, ni en mis dones, ni en mis buenas obras.
Está en Él.

Los dones necesitan amor… pero el amor necesita un fin

En el episodio anterior hablamos de los dones.
De cómo Dios nos diseñó con capacidades únicas.
Pero también entendimos algo incómodo: si el amor no es el fin, los dones se convierten en ruido.

Esta semana dimos un paso más profundo.

Porque amar “por amar” suena bonito, pero no siempre edifica.
Si yo amo desde mí, con mis fuerzas, con mi humanidad limitada, corro el riesgo de que la otra persona dependa de mí.
De que el amor termine apuntando a lo bueno que yo soy.

Pero cuando amo desde Dios…
el amor apunta a la fuente, no al canal.

Amar desde la fuente correcta

La Biblia dice:

“Que el amor sea la meta más alta, pero también deseen los dones espirituales para la edificación de la iglesia.”
— 1 Corintios 14

Aquí entendimos algo clave:
el amor es la meta, pero la edificación es el propósito.

Edificar no es impresionar.
Edificar no es demostrar.
Edificar es ayudar a que alguien pueda mantenerse en pie, conectado a la fuente correcta.

Cuando la humanidad no alcanza

Natalia compartió una historia que sigue viva en nuestro corazón:
la llegada de una niña de acogida a nuestro hogar.

Trauma.
Dolor.
Heridas físicas.
Barreras de idioma.
Una personalidad compleja.

En nuestra humanidad… no alcanzaba.

Había cuidado que se podía dar por responsabilidad.
Pero el amor genuino —ese que abraza, limpia heridas, ve con compasión— no nacía naturalmente.

Y ahí vino una oración honesta:

“Señor, yo no puedo.
Dame Tu amor para amar.”

Cuando Dios se vuelve la fuente, algo cambia.
Empiezas a ver como Él ve.
A amar como Él ama.

Y ese amor se siente.
Un niño lo siente.
Un adulto lo siente.

Ese amor deja semillas.
Y las semillas, con el tiempo, sostienen.

Edificar es más que ayudar

David conectó esa historia con una palabra que nos marcó: edificar.

Edificar es construir algo que pueda sostenerse.
No crear dependencia.
No crear admiración.
Crear fundamento.

Puedes ayudar a alguien con algo material.
Pero cuando amas con el amor que viene de Dios, edificas su interior.

Y eso cambia todo.

La iglesia no fue diseñada para espectadores

Muchos crecimos pensando que la fe era algo que se consumía.
Escuchar.
Recibir.
Sentarse.

Pero Pablo dice algo revolucionario:

“Cuando se reúnan, uno canta, otro enseña, otro comparte una revelación…”
— 1 Corintios 14:26

Todos traen algo.

La iglesia es un cuerpo vivo, no un escenario.

No se trata de elocuencia.
No se trata de madurez perfecta.
No se trata de tener todo resuelto.

A veces, cinco palabras con amor edifican más que mil palabras sin entendimiento.

Tu historia edifica, incluso si no está terminada

Algo que aprendimos en el camino es esto:
muchas veces queremos compartir solo la victoria.

Pero lo que edifica a otros es el proceso.
La dependencia.
La oración sin respuesta inmediata.
El “todavía estoy caminando”.

No tienes que sonar como un TED Talk.
No tienes que tener todo claro.

Como aquel hombre en Juan 9:

“Yo no sé mucho… solo sé que antes era ciego y ahora veo.”

Eso basta.

Fuiste adoptado para edificar

Dios no te adoptó solo para salvarte.
Te adoptó para enviarte.

Te dio identidad.
Te dio dones.
Te dio Su amor.

No para que te lo quedes.
Sino para que seas un canal.

No eres espectador.
Eres creador de iglesia.

Y cuando das lo que no es tuyo, cuando amas desde una fuente que no eres tú, siempre puedes apuntar de regreso a Él.

Última reflexión

Quizás no te falta capacidad.
Quizás no te falta amor.

Quizás te falta volver a la fuente.

En el silencio…
Su voz se vuelve más clara.
Su amor se vuelve más real.
Y tu propósito empieza a activarse.

🎧 Escucha el episodio completo aquí:
👉 https://www.enelsilencio.com/podcast




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